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→ El pintor y publicista Santiago Bueno ‘El Shago’, su esposa Yisel y sus hijas Meicy y Leicy junto a uno de los carteles que El Shago diseñó para promocionar el taller que organizamos en la sede de Buenaventura de la Universidad del Valle. El Shago fue una de las estrellas del taller, Yisel hizo las veces de su asistente y Meicy y Leicy fueron invitadas de lujo al taller que siguieron con atención las idicaciones de su papá.
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La de la semana pasada rankea alto entre las experiencias más lindas que hemos tenido al frente de Populardelujo. El Area Cultural del Banco de la República nos invitó a ser parte del programa Obra Viva, una iniciativa en donde artistas y personas que trabajan en áreas creativas viajan a distintos lugares de Colombia y realizan un proyecto in situ con la comunidad local. A Populardelujo le tocó en suerte la ciudad de Buenaventura, el principal puerto colombiano sobre el Océano Pacífico. El que pensó que Obra Viva es sencillamente “un programa en beneficio de las comunidades” se equivoca: difícilmente alguien salió más enriquecido y aprendió tanto de esta experiencia como nosotros.

Llegamos a Buenaventura un domingo por la noche sin tener nada muy planeado: lo que fuera a ocurrir sería el producto de lo que encontraramos a lo largo de la semana. Así que en compañía de Yaneth y de José Luis, miembros del equipo del Banco de la República, estuvimos lunes y martes caminando de sol a sol las zonas comerciales del centro de la ciudad y de algunos barrios. Tomando fotografías y charlando con los propietarios de los locales nos hicimos una buena idea del estado de la publicidad hecha a mano en la ciudad y logramos rastrear a varios de sus responsables.

Con algo de tristeza aprendimos que muchos de ellos han abandonado el trabajo manual (sus trabajos manuales en la calle databan de años atrás) y se dedican ahora a la impresión digital, el plotter y el screen. Sin embargo tuvimos la fortuna de dar también con un par de obstinados que se resisten a renunciar: José Félix y ‘El Shago’. Así que decidimos concentrarnos en ellos.

Miércoles y jueves los dedicamos a conocer mejor a estos dos pintores y encontramos en ellos no solamente uno talentosos artesanos sino unas personas magníficas (en un próximo post hablaremos con más detalle sobre cada uno de ellos). Visitamos sus casas, sus lugares de trabajo, conocimos a sus familias y amigos, les comisionamos algunos trabajos y empezamos a preparar juntos lo que sería un taller y una muestra a realizar al final de la semana en la sede Buenaventura de la Universidad del Valle.

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El taller no pudo salir mejor. Gracias a la excelente gestión de Yuly Fernanda Ríos, gerente de la Agencia Cultural del Banco de la República en Buenaventura, que no solo coordinó todo de manera impecable sino que nos ayudó hasta a recortar papelitos, los 25 cupos disponibles se coparon rápidamente. El grupo de participantes resultó muy diverso: estudiantes de colegio, estudiantes y profesores de Univalle, otros publicistas callejeros, miembros de organizaciones culturales, familiares y amigos de los pintores… hasta algunas aseadoras y vigilantes de Univalle que andaban por ahí terminaron parando oreja y participando del taller.

La primera parte estuvo a cargo de José Félix que metódicamente llevó a los asistentes por los distintos pasos para hacer un aviso en plantilla o esténcil, un método de impresión en serie completamente manual. José Felix se detuvo en pequeños secretos que son claves en esta técnica como los “puentes” que parten las letras y explicó su preferencia por pintar con espuma en lugar de brocha o spray. Fue un ejercicio sencillo pero que le dio a los asistentes los principios básicos para lo que puede ser todo un universo de posibilidades.

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Luego el turno fue para El Shago, quien gracias a su experiencia como predicador se desenvolvió al frente del taller con una solvencia total. El Shago dedicó su módulo a la creación de un paisaje y para ello dió lecciones sobre manejo del pincel, mezcla de colores e incluso sobre geografía, biología y botánica. Explicando cosas como las diferencias entre el color del mar Caribe y el del Pacífico o las particularidades morfológicas de los manglares dejó claro que un pintor debe ser ante todo un gran observador.

El Shago estuvo compremetido a muerte con el taller. No solo pospuso un compromiso que tenía con un cliente que lo había contratado para decorar una lancha (una vez se acabó el taller salió disparado a cumplir la cita) sino que trabajó con un enorme entusiasmo en toda una serie de materiales promocionales que le propusimos hacer. Pintó una docena de afiches, un letrero de bienvenida y unos recordatorios para los asistentes al taller con frases de su autoría tales como: “Un hombre sin educación es un ser incompleto. ¡Lo primero, primero!”, “Eres especial: créelo, actívalo, ¡practícalo!”, “Lo que hace que las cosas difíciles se hagan fáciles es la educación. ¡Bendita sea la educación! y “Nada hay imposible. Tan solo cree y Dios pondrá en tu caminar conexiones de poder.”

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En la tarde del viernes los trabajos de los asistentes al taller fueron expuestos junto con los de sus maestros en el corredor principal de la universidad. Los asistentes salieron felices y la gente que vio la muestra aprendió sobre los responsables de esos trabajos que ven todos los días pero de cuyos autores sabían poco o nada. Quien sabe si estas actividades sirvan para incentivar la producción de publicidad a mano, lo que sí parece seguro es que en adelante va a ser inevitable que quienes estuvieron involucrados miren a la publicidad callejera con otros ojos.

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→ El pintor y publicista José Félix Rodriguez y una de las asistentes al taller junto a la muestra que montamos en los corredores de la Universidad del Valle, sede Buenaventura.

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Para nosotros fue una semana maravillosa en la que además de conocer a dos personas grandiosas constatamos que la publicidad a mano todavía está viva y goza de aprecio dentro de ciertos círculos. Si ese clima de aprecio y respeto se alimenta y se refleja, de parte de los comerciantes en trabajo bien pagado, y, de parte de las autoridades en más tacto y sensibilidad a la hora de decidir qué se puede y qué no se puede hacer en los distritos comerciales, quizas podemos tener publicidad manual para rato. Lo cual es importante, porque si bien la función de estos trabajos es anunciar productos y servicios también son un depósito concreto de valores e imaginarios de grupos humanos que no han tenido una gran representación en nuestro país. Es decir, son nada más ni nada menos que una forma de patrimonio cultural.

Le agradecemos mucho al Banco de la República por habernos invitado a hacer parte de Obra Viva, ojalá haya cada vez más iniciativas de este estilo, cada vez en más ciudades y cada vez con más recursos. Obra Viva hace posible una saludable coexistencia de orígenes, edades y profesiones diversas y un necesario intercambio de saberes y experiencias. Tanto las comunidades locales como los afortunados que tenemos la oportunidad de viajar a liderar estos proyectos nos beneficiamos enormemente pero a la larga también se beneficia el país: iniciativas como estas hacen más fuerte y resistente ese tejido de confianza y respeto mutuo cuya reparación es más urgente que cualquier otra cosa en Colombia.

Para más información sobre la actividad cultural del Banco de la República: http://www.banrepcultural.org
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