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Primorosa. No se nos viene a la cabeza un mejor adjetivo para describir la serie Nichos de la artista paisa Diana Gómez.

Nichos es una de esas intervenciones del espacio público que uno podría llamar post-graffiti: sucede en la calle, sin pedirle permiso a nadie, pero no usa ni plantillas ni pintura en spray, y sobretodo, se desmarca del espíritu transgresor que es habitual en el street-art. Armada de cincel y palustre Diana crea modestísimos altares no confesionales en muros abandonados y allí los deja a merced del clima, los desvalijadores, el martillo de la demolición o la simple indiferencia.

¿A quién recuerdan, qué conmemoran estos nichos? Diana no nos lo dice, pero al preferir escenarios ruinosos y utilizar códigos de gusto y decoración propios de las clases populares es inevitable no pensar en vidas humanas en entornos de pobreza y violencia. Pero quizás la estética utilizada sea sólo lo que ancla el trabajo de Diana a un lugar y a un tiempo específico –Colombia, siglo XXI– y su reflexión no se refiera a otra cosa que a la tragedia misma de vivir. Compuestos con enorme ternura y dedicación, sus nichos tienen una gran dignidad; pero al mismo tiempo resultan tan tímidos respecto al entorno que casi que piden excusas por existir, por el atrevimiento de permitirse 15 cm² de vanidad en un universo indiferente y brutal.

Más información sobre el trabajo de Diana Gómez, aquí.
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