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Pensemos en los murales de los talleres mecánicos que funcionan a la vera de cualquier carretera, en los cartelitos de los vendedores ambulantes, en las carretillas pintadas de los vendedores de fruta: mucha de la gráfica popular sería inexplicable sin la existencia de la llamada “economía informal” sobre la que reflexiona el periodista norteamericano Robert Neuwirth en esta charla que ofreció en TED 2012. 

Con datos como que, sumada, la economía informal es nada más ni nada menos que la segunda economía del planeta, Neuwirth refuerza lo que todo latinoamericano sabe bien: que la economía informal es poderosísima y que gracias a ella nuestras sociedades mantienen un cierto equilibrio.

Quizás lo más interesante de su charla es justamente que desestigmatiza a las economías informales al demostrar qué, por un lado, la economía formal las usa y las necesita. Y por otro, que al fin y al cabo la “formalidad” de esta última a menudo es un eufemismo: negocios que se supone que operan en el territorio inmaculado de la legalidad a veces son los campeones de las prácticas torcidas. (¿Verdad, Chiquita?)

¿Terrible mal de nuestras sociedades o legitima forma de subsistencia? Cada cual tendrá su opinión, el caso es que uno de sus efectos colaterales es esta gráfica popular que por aquí nos gusta tanto.
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