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¿Pone la piel de gallina, no?

Y no hizo falta ni una palabra de explicación.

Ese es exactamente uno de los grandes poderes de los museos: salvaguardar aquellos artefactos que son capaces de condensar un instante con una intensidad que es sencillamente inalcanzable para las palabras o para cualquier otro medio de expresión. Objetos “elocuentes”, cuya simple presencia tiene la capacidad de transportarnos en el tiempo y en el espacio y conmovernos profundamente.

(Explicación para los no-colombianos: aunque data de 1982 este bien pudo ser el último directorio de teléfono del municipio de Armero. La mañana del 14 de noviembre de 1985 Colombia se despertó horrorizada escuchando por radio las palabras de un piloto que desde su avioneta repetía una y otra vez “Armero ya no existe, fue borrado del mapa”. La noche anterior el volcán Nevado del Ruiz había entrado en actividad y una avalancha de lodo sepultó al pueblo y a 20,000 de sus 29,000 habitantes)

De unos años para acá el Museo Nacional de Colombia viene adelantando una serie de iniciativas para contar la historia ordinaria del país y para involucrar a los ciudadanos del común en esa narración. Nos dió un gusto enorme encontrarnos hace unos días con la más reciente encarnación de esa línea de trabajo: una convocatoria llamada Pequeños tesoros, grandes historias en donde cualquier ciudadano puede compartir un artefacto que considere significativo. Tal y como lo hizo Mauricio Jaramillo de Acacías, Meta, aportando el directorio de Armero.

El blog todavía tiene muy pocos aportes (lo cual no quiere decir que no haya algunos verdaderamente estupendos) y curiosamente muchos provienen de personalidades de los medios y la farándula (¿es esa una estrategia del museo?). La plataforma se siente algo modesta para tratarse de un proyecto adelantado por un “museo nacional” y la convocatoria no parece haber tenido suficiente divulgación –nosotros la encontramos por puro arepazo–, pero la idea es buenísima.

Ojalá sea trate de un proyecto que se va puliendo con el tiempo (parece que se lanzó hace apenas un par de meses), que el museo haga su parte haciéndolo un poco más robusto y profesional, y que la gente del común haga la suya compartiendo sus tesoros. Este el típico producto cuya calidad, significado y trascendencia depende en gran parte del entusiasmo con que la gente se anime a participar.

Esa esquinita del internet, más que los pabellones llenos de espadas y chalecos de próceres, puede ser el gérmen de un “museo nacional” que esté a la altura de su nombre y realmente nos represente a todos. Animamos a la audiencia popdelux a que aporte su tesorito, nosotros ya estamos hurgando en nuestro cajones a ver que aportamos (;

Más información: Pequeños tesoros, grandes historias

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