Nop, TAX EL REY no es el stencilero de turno. Es una compañía de taxis de Medellín. Pero no es casualidad que parezca una obra de street art de las que abundan en nuestras calles: en ese renacer que experimentó el graffiti hace unos años los graffiteros echaron mano a una técnica de impresión utilizada desde hace años por rotuladores y hacedores de avisos.

Publicistas callejeros, fabricantes de carpas, decoradores de buses: en Colombia mucha gráfica popular se ha hecho durante años a punta de stencil o plantilla. Y hasta hace no mucho tiempo también mucha gráfica “oficial”: marcas de consumo masivo, políticos, escuelas y entidades del estado, etc.

Sencillamente la impresión con plantilla fue durante mucho tiempo la mejor técnica de rotulación en serie disponible. Su producto era considerado impecable hasta que llegó la impresión digital y demostró que un mayor grado de perfección era posible –si por perfección entendemos la ausencia de rastros de “manualidad”– . A partir de ese momento la impresión con plantilla empezó a lucir artesanal e imperfecta y se fue volviendo patrimonio exclusivo de aquellos círculos que no pudieron dar el salto tecnológico o que, como los graffiteros, vieron en el rusticismo y en la imperfección un valor, una forma de belleza.

Quién sabe si los graffiteros son conscientes de esta tradición plantillera. En todo caso Simón López, un diseñador gráfico de Medellín, lo es.

De un par de años para acá Simón viene investigando la gráfica popular de su ciudad. Uno de sus principales temas de interés ha sido el trabajo de Omar Agudelo, el llamado “Señor de la Plantilla”, responsable de muchos de los primorosos rótulos que todavía identifican a las diferentes compañías de taxi de Medellín y sus alrededores.

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Omar tiene su taller en Itagüí, municipio que hace parte del área metropolitana de Medellín. Allí se instaló hace 45 años proveniente de Anserma (Caldas). Todos los rótulos que publicamos aquí son creaciones de Omar y han sido recogidos por Simón como parte de su proyecto de investigación El nueve es el seis.

Si nos preguntan a nosotros, las letras de Omar identifican a Medellín más y mejor que cualquier pueblito paisa o festival de silleteros. En Medellín la ese con terminación en rulo de SERVICIO PUBLICO o la equis de TAXIS GER que baila flamenco han estado salpicando el paisaje durante décadas y es una verdadera dicha verlas pasar.

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–En Bogotá ya es imposible encontrar un taxi rotulado con plantilla y en Medellín lo será pronto. En el rostro de Omar Agudelo –cuenta Simón López– es evidente el cansancio. El afirma que su labor como pintor está llegando a su fin. Dice que los procesos tecnológicos han opacado su trabajo y ahora los clientes prefieren “algo rápido” y optan por logotipos y logosímbolos elaborados en vinilo adhesivo.

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¿Son estas letras creaciones originales de Omar Agudelo? Difícil saberlo. La creación tipográfica –cuenta Simón– viene de lo que su hermano le enseñó: ambos copiaban caracteres alfabéticos y númericos de revistas, fanzines, empaques y diarios de la época y con el tiempo los perfeccionaron y modificaron. No sería raro que Omar y su hermano hayan partido de una fuente existente, pero sin duda, a punta de abrirle muescas a los caracteres y curvarle la línea base a los renglones, terminaron desarrollando fuentes que podrían decirse propias.

Si esta intervención tipográfica les suena a maña típica de nuestra cultura de la copia, están equivocados. Es una práctica muy común entre diseñadores “con diploma” de todas las latitudes. En realidad es más bien raro que una marca desarrolle una tipografía completamente exclusiva para su logotipo (ej. Coca-Cola): normalmente los diseñadores de marcas utilizan alguna fuente existente (ej. Adidas utiliza la fuente Avant Garde) o modifican una existente para “hacerla propia” (ej. Microsoft utiliza una fuente Helvetica intervenida).

Y es que Omar, sin haber estado nunca expuesto a las teorías del llamado branding, aplica intuitivamente muchos de sus principios. Es notable por ejemplo su intención de establecer “tipografías corporativas”: tipos de letra de uso exclusivo para cada compañía. La letra militar es la de TAX SUPER, la cocacolesca es la de SAN DIEGO TAX, la de los piquitos es la de COOTRASANA, la de los copetes es la de TAX ANTIOQUIA…

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Y aunque, según cuenta Simón, ni el mismo Omar sabe con certeza si él es el autor de estos logotipos, su trabajo se inscribe en esa tradición de identidad corporativa popular que ha abundado en nuestro país pero que pocos han considerado digna de atención. Los logos que han pasado por las manos de El Señor de la Plantilla, al igual que los logos de cientos de marcas de tornillos, bocadillos, cooperativas de transporte y demás, están llenos de audacias gráficas de las que un diseñador agudo y sensible podría aprender. Pero además son parte de ese patrimonio inmaterial que podríamos llamar la imagineria colectiva: contienen información sobre nuestra idiosincracia y son una especie de emblemas culturales que nos transportan a épocas y a lugares.

La desaparición de estas piezas de nuestro paisaje parece inevitable. Las empresas procuran ponerse al día con los nuevos estándares tecnológicos, lo cual es comprensible, y la vieja plantilla muere a manos del diseño por computador y el plotter de corte. Lo triste es que en nuesto país cambio tecnológico normalmente significa empobrecimiento estético.

El diseño gráfico popular no solo está muriendo formalmente: está muriendo “su espíritu”. La verdad es que no pareciera que el ingenio popular, esa chispa creativa que tienen personas como Omar Agudelo, esté entrando en una nueva fase evolutiva adiestrándose en una nueva herramienta. Más bien parece que una clase que prosperó durante décadas –talentosos comunicadores gráficos que no pasaron por una educación formal y que hicieron su propia mezcla de influencias– está siendo desplazada por operarios de computador. Al igual que como ha sucedido con avisos y murales, encantadoras marcas populares son reemplazas diariamente por facilistas y anodinos logotipos hechos a punta de letra Arial y cliparts y fotografías bajadas de internet.

Probablemente no hay nada que se pueda hacer para frenar esta tendencia. Los diseñadores con diploma, una fuerza que podría ayudar a reivindicar y proteger el tesoro cultural que es nuestra gráfica popular, están demasiado ocupados mirando el diseño internacional. Hay excepciones, no son la mayoría pero las hay. Simón López es una de ellas. Si la desaparición de todo esto es inevitable, esfuerzos de documentación como el suyo impedirán que lo haga sin dejar rastro alguno.>

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↑ EL NUEVE ES EL SEIS es el nombre de investigación de gráfica popular de Simón López. Por su interés en encontrar a las personas detrás de las gráfica, lo encontramos muy cercano al espíritu de Populardelujo.
Esto cuenta Simón sobre su proyecto: “Actualmente dedico días enteros a salir a la calle a tomar fotos e intentar dialogar con los pintores. No es fácil porque la mayoría de ellos no dejan teléfono, no firman sus trabajos y los dueños de los locales no saben cómo contactarlos. También ha sido complicado porque en los barrios donde se encuentra más material de este tipo es común encontarse con bandas que no permiten el ingreso: de varios barrios me han sacado. Mi intención es hacer un análisis objetivo de la forma de expresión popular colombiana. No soy un teórico: desde mi conocimiento intento sacar conclusiones y entregarlas a quienes quieran atenderlas. Mi trabajo no pretende beneficiar marcas, sino resaltar y enaltecer a los diseñadores de gráfica popular”.

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