–Fotografía de Adrián Portugal
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Nop, no hablamos del estigmatizado brebaje muisca. Esta chicha es peruana, es un género musical y quizás todo un movimiento cultural. Pero al igual que su aguarapada tocaya también es el resultado de la fermentación, también es hija de las clases populares y también se te mete al cuerpo y te llena de dicha.

La fermentación tomó unas cuantas décadas. En los años 50 en el Perú empiezan a mezclarse sonidos dispares: el mambo y el son cubano, los sonidos amazónicos, el guitarrero surf costero, la cumbia colombiana… (Alfredo Villar lo explica todo muy bien aquí). En los 80 la mezcla parece haber llegado a su punto, abundan las presentaciones en vivo y claro, había que anunciarlas de alguna manera. ¿Y a quién se le iba a encargar la tarea de promocionar un género popular si no a los carteristas locales que durante décadas habían anunciado circos, ferias, bingos?

Conectados de corazón con un género musical que se había gestado en su mismo círculo cultural, estos artesanos hicieron mucho más que despachar el encargo. Al igual que los diseñadores de San Franciso con la psicodelia, que los pintores de la costa colombiana con el picoterismo, que los muralistas de Bogotá con la ranchera, los cartelistas peruanos se identificaron de tal forma con la chicha que hicieron mucho más que anunciarla: capturaron su espíritu en imágenes.

Elliot Tupac es miembro de esa estirpe de artesanos. Fortunato, su padre –ese que solía decir “el color es el mensaje”– fundó en Lima una empresa de carteles que ejecutó muchos de estos encargos. Elliot es un heredero de esta tradición pero es también un joven habitante del siglo 21 y ha incorporado a su trabajo principios típicos del street art (aquí tienen su Flickr).

Conocíamos su trabajo gracias al especial que Jules Bay hizo para Creative Review y a la exposición Chicle Chicha de los colegas de Supersentido. Creíamos que estábamos condenados a admirar a Elliot virtualmente pero mi dios es muy grande: la novia de Elliot vive en Colombia y por aquí vino el hombre a reclamar su beso de buena suerte antes de arrancar para el Trimarchi, en donde estará presentándose dentro de un mes. Era impesable dejar pasar a este astro por “el territorio nacional” como si nada. Así que movimos cielo y tierra para organizar algo con él y finalmente la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá nos abrió las puertas. Allí estará Elliot el próximo viernes a partir de las 2:00 pm hablando sobre su trabajo y demostrando su caligráficafosforecente pericia.

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Ahora bien, la gráfica chicha, como cualquier movimiento estético, no es obra de una sola persona. Es el resultado de la sobreposición de influencias, de copias y apropiaciones de muchos. Paralelamente a lo que sucedía en las calles del Perú, en las mesas de dibujo de las casas disqueras otro grupo de diseñadores hacía lo propio por traducir en imágenes ese género sensual y futurista en gestación. No por ser impresos en offset y prensados por miles eran menos artesanales los diseños de las tapas: hablamos de la América Latina de los años 70 y 80, estos diseños eran hechos a mano casi que en su totalidad. Y hay que ver su gracia y libertad creativa.

Alfredo Villar –linguísta, escritor, poeta, investigador de la cultura popular, curador, dj, productor de radio… ¡hombre renacentista!–  ha reunido una colección de estos discos y los usara como base para dar contexto a la charla de su paisano y amigo Elliot. En realidad es en buena medida gracias al interés de Alfredo que el trabajo de Elliot ha empezado a tener reconocimiento por fuera de sus círculos habituales y es gracias a su gestión y buena disposición que pudimos organizar toda esta historia.

Ese mismo viernes en la noche Elliot y Alfredo se volverán a juntar para darnos lecciones de chicha, pero esta vez sin tanta carreta. Irán directamente al grano: Alfredo pinchara sus discos en Boogaloop mientras Elliot interviene el local.

Es un honor tenerlos a ambos por aquí y que nos dejen algo de su brebaje magnífico.

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Charla/demostración con Elliot Tupac y Alfredo Villar
Viernes 16 de septiembre, 2:00 pm
Salón 702, módulo 7A
Universidad Jorge Tadeo Lozano
Carrera 4 # 22-61, Bogotá.
ENTRADA LIBRE