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Vaya uno a saber por dónde anda don Jorge Montesdeoca en estos días. La última vez que hablamos con él estaba en Cartagena. Dijo que tenía mucho trabajo, que estaba contento y que tenía ganas de arrancar para Isla Margarita, Venezuela.

Para nosotros es una pena que justamente ahorita no esté por Bogotá. Nos encantaría que viera su trabajo expuesto en un museo y sobretodo que comprobara con sus propios ojos las dimensiones de lo que ha motivado: don Jorge fue el primer pintor que conocimos a fondo y el que en buena medida dió la pauta para la relación que hemos establecido con los demás. La exposición además hubiera sido una excusa perfecta para para demostrarle nuevamente, pero esta vez con toda la formalidad del caso, nuestro respeto y admiración; y para que más gente en Bogotá pudiera conocer en carne y hueso a un personaje fenomenal.

¡Pero nada de lamentos! Su ausencia no es un lunar de la exposición sino un acto de feroz perfeccionismo: es completamente coherente con la naturaleza de este genio errante y evanescente que hemos tenido la suerte de conocer.

Don Jorge estaba al tanto de que la exposición estaba en preparación, pero al fin y al cabo el hombre ha dejado tantas cosas atrás a lo largo de su vida –su país, su familia, sus amigos entrañables, sus muchas novias– que lo raro sería que una exposición de Populardelujo lo detuviera. Sip, don Jorge lleva en el cuerpo un motor que nunca deja de rolar. En realidad lo increíble es haberlo tenido “a la mano” durante tanto tiempo parar charlar, tomar tinto, patoniarse Bogotá y comisionarle los cuadros que están exhibidos en la sala.

Buena suerte a don Jorge donde quiera que esté. Mientras nos volvemos a ver hacemos más llevadero el despecho con una de sus canciones favoritas, esa especie de himno que lo describe de pies a cabeza: Romance de mi destino, de su paisano Julio Jaramillo.

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