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Eso dice mi mamá, respondió Javier cuando le preguntamos si él y su compañero de faena eran hermanos. Micrófono en mano Javier invitaba a los transeuntes que pasaban por la calle 85  a apreciar en acción a Gelver Ney, que acurrucado en el andén blandía aerosoles a diestra y siniestra.

En 7 minutos los hermanos Gómez convierten medio pliego de cartón en un paisaje de fantasía. La técnica la llaman aerosolgrafismo y ha sido popular durante mucho tiempo en parques, plazas y ferias. El resultado final es alucinante, pero en realidad la gran atracción consiste en presenciar el proceso de hechura de la pintura. Con la ayuda de un simple cartoncito, de un estropajo, de la tapa de un tarro de galletas, los artistas crean sistemas solares, cascadas y bosques de pino de lo más convincentes. La rapidez y pericia con que lo hacen casi que convierte el evento en un acto de magia. El climax llega hacia el final cuando ponen un encendedor delante del spray de pintura y con ese improvisado lanzallamas (niños, no lo intenten en su hogar) flamblean la pintura cual crème brûlée.

Quién sabe cuál será el origen de esta técnica gráfica, pero seguramente los que gozaron  de la antena parabólica en los años 80 estarán tentados a atributirle alguna responsabilidad al esponjoso del Bob Ross y su Joy of Painting:

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Pero Gelver Ney Gómez está lejos de ser uno más en la lista de aerosolgrafistas que poblan los parques de este mundo. El pictórico es apenas uno de sus talentos. Gelver también es un carismático cantante de música popular que no sólo se presenta habitualmente en Bogotá y sus alrededores sino que se ha empeñado en hacer videoclips bien producidos y cuidadosamente concebidos. Déjemos que sea él quien se presente en primera persona:

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Ya estábamos lamentando que Gelver no hubiera combinado su faceta pictórica y su faceta histriónica, que las viera como silos aparte sin relación alguna (¡qué maravillas inimaginables podrían salir de la mezcla!), cuando oh sorpresa, allí estaba en You Tube un segundo video, el de la canción Recuérdame dulcemente, en donde el protagonista es precisamente un aerosolgrafista que le canta a su madre fallecida. La referencia a la pintura no es simplemente la evidente del principio del video: en algún momento la historia nos lleva de regreso a la niñez del artista y lo vemos dibujando; en otro, somos transportados el comedor de la casa familiar que está adornado por la monumental aerosolgrafía de un paisaje alpino.

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El caso del Gelver es completamente fascinante. No solamente es dueño de un envidiable arsenal de talentos, sino que es un verdadero emprendedor artístico y un pintor callejero orgulloso de su oficio y sus orígenes. Si toda su obra tiene la espectacularidad de sus paisajes, la ambición de sus videos, y la sinceridad del clip de Recuérdame dulcemente, merece todo el respeto del mundo.

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