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Otra de las maravillas con las que nos cruzamos en nuestra reciente expedición al Brasil: los retratos pintados.

Los retratos pintados son una tradición gráfica que fue muy popular durante el siglo XX en el nordeste brasilero y que hoy se haya prácticamente extinta. En rigor, se trata de retratos familiares pintados sobre o a partir de fotografías en blanco y negro que se exhibían con orgullo en las paredes de hogares modestos. Un poco en la misma línea de los que se ven por aquí en pueblos de Cundinamarca y Boyacá.

Pero son mucho más que “fotos coloreadas”. Los pintores de estos retratos fueron verdaderos hechizeros. Hacedores de milagros que consiguieron en un modesto lienzo aquello que en la vida real había sido esquivo. Como explica el sociólogo alemán Titus Riedl –a cuyo empeño coleccionista le debemos la supervivencia de estas imágenes– “estos pintores podían hacer realidad cualquier sueño: traer a los muertos de regreso a la vida, vestirte con ropas y joyas caras, hacerte lucir mucho más joven.” Pinturas que son al mismo tiempo retratos del personaje en cuestión y de sus aspiraciones.

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–Imágenes que al tiempo que retratan al sujeto retratan sus aspiraciones. Los pintores del nordeste brasilero obraron verdaderos milagros rejuveneciendo y “glamourizando” a su clientela. A menudo traían de regreso a la vida a familiares fallecidos y los ponían a compartir escena con otros que quizás nunca conocieron. Todas las imágenes publicadas aquí pertenencen a la colección de Titus Riedl.

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Como si el poder y el estilo de los retratos pintados no fueran los bastante fascinantes, está su extraordinario sistema de encargo y producción. Los bonequeiros, una especie de vendedores ambulantes, recorrían los pueblos y las aldeas del nordeste ofreciendo el servicio de fotoretratismo. Al cabo de unos días, cargados de fotitos y hojas con anotaciones llegaban a las ciudades en donde le entregaban las fotografías a los puxadores, quienes ampliaban la fotografía que el pintor tomaría como base para obrar el milagro. Al cabo de un par de semanas el bonequeiro se echaba a andar de nuevo. Esta vez cargado de retablos que iba repartiendo de pueblo en pueblo. Qué emocionante debió ser verlo llegar y destapar el ansiado y primoroso retrato familiar.

Lo que conocemos de este género gráfico, que evolucionó hacia imágenes hechas con Photoshop, se le debe en buena parte a Riedl,quien está radicado en el Brasil y ha coleccionado estas imágenes durante años. Su colección se expuso por primera vez en el 201o en Yosi Milo Gallery de Nueva York y para acompañarla, la editorial Nazraeli Press publicó un libro por el que estamos chorreando la baba. Todas las imágenes publicadas en este post pertencen a su colección.

Una breve entrevista con Riedel y una pequeña muestra de sus fotografías están disponibles en The Morning News. Más detalles sobre el fotoretratismo nordestido estan disponibles aquí.

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