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Coisas muito estranhas andam
acontecendo num belo pais ensolarado
da América do Sul. 

–A Rota da Fuga, ZZ7
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Bajito, peliblanco y con dos rayitas en el lugar en donde deberían ir los ojos: uno conoce a don Benicio y pensaría que es un sensei japonés… si no fuera porque es un ilustrador brasilero. Dulce, tímido y discreto hasta la casi desmaterialización: uno lo ve ahí paradito y pensaría que es incapaz de un mal pensamiento…si no fuera porque es capaz de muchos. Durante décadas, de su mano derecha han salido las más escandalosas pin-ups, los más fogosos amantes y las más crudas escenas de violencia para portadas de libros de bolsillo, afiches de películas, anuncios publicitarios y demás.

No hemos leído una sola ZZ7, la serie de novelas de bolsillo de espionaje y suspenso con la que la editorial Monterrey de Rio de Janeiro cautivó al público local durante años. Pero no es difícil adivinar que buena parte del éxito de la serie, si no todo, se le debe a Benicio: el hombre en la sombra que le puso cara, cuerpo, sedosidad, voluptuosidad y glamour a la despampanante Brigitte Montfort.

Mucha popularidad pero poco reconocimiento había tenido este crack de la gráfica popular latinoamericana hasta que el año pasado Reference Press y Brand Studio Press editaron un libro sobre su obra. Luego, de la mano del estudio Mandacaru vendrían las exposiciones y las conferencias. Una de ellas en la Semana de Arte de Abril, en donde coincidimos con el genio y nos maravillamos con la exposición de sus originales.

Pararse frente a sus ilustraciones es fascinante: aparte de que se comprueba de primera mano la soberbia habilidad técnica de Benicio, los originales, desprovistos de tipografías y logotipos, dejan en evidencia la audacia de Benicio para concebir transiciones entre la ilustración y las zonas destinadas a los textos, un reto gráfico en donde normalmente abunda es la falta de imaginación. En las ilustraciones de Benicio, en cambio, un abrigo se desparrama sobre un sofá o una guacamaya sacude las alas haciendo un tránsito de lo más natural entre la exuberancia gráfica y el blanco impoluto. Líneas costeras y bahías gráficas armónicas y  delirantes, tal y como las de su Rio de Janeiro querido.


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