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¿En qué medida la relación que tenemos con la música está determinada por la gráfica que le rodea? Por las carátulas de los discos, las fotografías de las bandas, los afiches, las animaciones… ¿Qué significado tendría para nosotros la música de los Beatles si jamás hubieramos visto a la multitud del Srgt. Pepper o el universo blandengue y sinuoso de Yellow Submarine? ¿Sería diferente nuestra relación con las canciones de Pink Floyd si no hubiera sido Storm Thorgerson la persona a cargo de las carátulas?

Cualquier libro o exposición al respecto se apresurará en declarar lo que todos sabemos por experiencia propia: música y gráfica son indisociables. El trabajo de los diseñadores gráficos no solo es crucial para mercadear la música: enriquece su significado. De alguna manera, completa las obras musicales.

Lo encantador es que para que esto suceda no es indispensable que el diseñador sea el director de arte oficial de la disquera o amigo íntimo de la banda. Junto a casos como el de Alan Aldridge, quien fuera solemnemente investido por Lennon como “His Royal Master of Images to Their Majesties The Beatles”; estan otros como el de Wes Wilson, que no necesitó que ninguna disquera le comisionara trabajos para definir la estética de la sicodelia: lo hizo “apócrifamente” con sus afiches para el teatro Filmore.

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➝ Storm Thorgerson y Wes Wilson: desde dentro y desde el margen, respectivamente, acuñaron estilos gráficos que se hicieron indisociables de la música que ilustraban.

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Naturalmente, esta interdependencia entre música y gráfica no es exclusiva del rock y del pop anglosajón. Con los géneros vernáculos de cualquier lugar del planeta sucede algo semejante. Los ejemplos abundan, pero dos casos cercanos a Populardelujo son el de Velásquez y el de El Runner. Velázquez ha decorado tantos restaurantes y cantinas mejicanas en Bogotá que para muchos el dramatismo de las rancheras y el de sus colosales retratos en aerógrafo son el mismo. El Runner por su parte, al convertirse en el publicista de cabecera de los toques de picó que se organizan por estos días en Cartagena, ha reafirmado una veterana tradición costeña que ha hecho de la voluptosidad y la exageración el equivalente gráfico de las fiestas que desencadenan personajes como El Rey de Rocha y sus equipos de sonido de leyenda.ca

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➝ Velázquez y El Runner: los murales colosales del primero y las pancartas tipográficas del segundo se han venido convirtiendo en la estética oficial no-oficial de rancheras y toques de picó en Bogotá y Cartagena, respectivamente.

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Fue precisamente hablando sobre estos temas durante la excursión de Populardelujo al Trimarchi que conocimos a Jules Bay y su investigación sobre los carteles de la chicha.

La chicha es un género musical que resultó de la fusión de cumbia colombiana con estilos peruanos tradicionales como el hyano (en un principio se llamó “cumbia peruana”). Con el tiempo, la chicha también desarrolló su propia identidad gráfica caracterizada por composiciones tipográficas robustas y abigarradas en tintas fluorescentes.

En el Trimarchi hablábamos de cómo a veces la “consagración” de una estética (consagración en términos de moda) arroja a la oscuridad a quien la produce. Algo parecido sucedió en el Perú con la estética de la chicha. En años recientes –nos explicó Jules– diseñadores y directores de arte peruanos volcaron su atención sobre la estética chichera y la incorporaron a sus producciones. Al cabo de un tiempo amainó el entusiasmo y la estética chichera se dió por pasada moda.

Incómoda con la idea de que una cultura visual de origen local, curtida a lo largo de más de cuatro décadas, fuera utilizada, muerta y sepultada, Jules salió a investigar sobre aquella parte de la estética chichera de la que poco se había hablado: la de sus creadores y sus procesos. Así fue como dió con los hermanos Hurcuhuaranga, unos de los pioneros en el diseño e impresión de afiches para conciertos de chicha. Junto con los videastas Oz Villavicencio y Carlos Bevenuto, realizó un clip documental para Creative Review que tiene a Elliot Hurcuhuaranga como protagonista y que nos complace muchísimo presentar aquí.

Más información sobre la chicha y el trabajo de Jules para Creative Review, aquí.

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