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Corría el año de 1948 y frente el prospecto de ser los anfitriones de la 9a Conferencia Paramericana a los bogotanos nos tocó ponernos al día en lo que a civilización, o al menos en lo que a apariencia de civilización, se refería. Por unos días ibamos a ser el centro de atención del continente y no había que dejar la menor duda de que la capital de Colombia era una ciudad moderna y progresista.

De modo que a las obras de infraestructura humo que sumar un esfuerzo propagandístico a la altura de las circunstancias. Uno de los ingredientes de esa campaña fue el documental a todo color que posteamos hace unos meses. Si nuestras conjeturas son correctas, otro fueron estas primorosas tarjetas postales en photochrom.

El photochrom consiste en la producción de imágenes en color a partir de fotografías en blanco y negro. El color se logra “artificialmente” mediante la combinación de varias planchas de color en el momento de la impresión. Este híbrido de fotografía e ilustración hoy en día nos resulta “vintage” pero fue muy novedoso durante la primera mitad del siglo XX, una época en que el blanco y negro era todavía el estándar. Esquina del mundo que se respetara debía estar inmortalizada en photochrom. Si además se trataba de postales bilingües impresas en los Estados Unidos, entonces podíamos estar tranquilos, estabamos oficialmente en el mapa. Al nivel de cualquier San Francisco, de cualquier Rio de Janeiro, de cualquier castillo de Bavaria .

Sabíamos que estas postales en photochrom de la Bogotá de los años 40 existían, habíamos visto reproducciones sueltas por ahí, pero es la hora en que no hemos dado con una fuente que las reúna todas y de alguna información al respecto. Sin embargo hace poco supimos que Jose Bermúdez, un arquitecto bogotano que ha estado involucrado en proyectos de patrimonio como el Atlas Histórico de Bogotá y la Guía literaria de Bogotá, tenía un juego de postales originales.

Por cortesía de Jose publicamos aquí algunas de ellas. Se las encontró de casualidad hace un par de años en una tienda de souvenires de la Avenida Jiménez. ¡Llevaban a la venta más de 50 años! La colección completa esta disponible en el website del Colectivo BTA, un proyecto suyo y de un grupo de colegas consagrado a desarrollar proyectos editoriales relacionados con la arquitectura y la ciudad.

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El juego de 18 postales viene empacado en un estuche titulado “Recuerdo de Bogotá, capital de Colombia”. Fue impreso en los Estados Unidos (las tildes están puestas a mano) por los Tichnor Brothers Inc., una de las más prolíficas imprentas de la época. El representante en Colombia fue el señor Raúl de la Espriella de la ciudad de Barranquilla.

Es poco más lo que sabemos. ¿Cómo funcionaría la cosa? ¿Tichnor, después de haber producido postales hasta del último rincón de los Estados Unidos empezó a ofrecer sus servicios a otras naciones el mundo? ¿O fue algún emprendedor local el que los contactó? ¿De dónde salieron las fotografías originales? ¿Algún reportero local las tomo y luego las enviaron por correo certificado a Boston, Massachusets? ¿O los hermanos Tichnor enviaron a un fotógrafo que vino y se paso una semana fotografíando los hitos turísticos de la capital de Colombia? Según Jose Bermúdez la base bien pudo ser una colección de fotografías que había tomado la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá en 1939.

¿Eso quiere decir entonces que las postales no fueron un emprendimiento privado del señor de la Espriella sino que se produjeron con dineros públicos? ¿Le entregaron a las comitivas internacionales que asistieron a la Conferencia Panamericana un paquete de recuerdos en donde iban incluídas estas postales? ¿Estaban primorosamente dispuestas en una mesa durante la recepción de bienvenida? ¿Alguna de estas postales estará pegada en el album familiar de un familia paraguaya, hondureña, canadiense? ¿Algún abuelito que alguna vez hizo parte del cuerpo diplomático se la señalará a su nieto y le dirá mira, esta es Bogotá la capital de Colombia y todo eso los destruyeron al día siguiente?

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Efectivamente, mientras se celebraba la conferencia estalló El Bogotazo y mucho de lo que se ve en estas imágenes, como por ejemplo el Hotel Granada o el gracioso tranvía que se desliza por la plaza de Bolivar, desapareció al poco tiempo de distribuidas las postales.

“All the national wealth converges upon Bogota” (toda la riqueza nacional converge en Bogotá), con esta frase termina el texto que acompaña las postales. Pretendía ser una exaltación del esplendor de la ciudad pero en realidad no hacia sino subrayar la distancia que había entre la capital y el resto del país. Como escribió William Ospina en un libro dedicado a las fotografías de la Bogota de los años 40 que tomó Sady Gonzáles, con El Bogotazo no sucedió sino lo inevitable: a esa ciudad que anhelaba ser una metrópoli a la manera de Londres, Madrid o Barcelona, se le vino encima ese otro país olvidado y excluído que “comenzaba un poco más allá de los barrios distinguidos y se prolongaba hasta las selvas del sur y del occidente, hasta las ciéngas del norte y cañones resecos” y se lo comió.

Así que no hay que dejarse engañar por la candidez de esta imágenes. Sí existió alguna vez una Bogotá parecida a esta, pero incluso en esa época dorada que fueron los años 40 se extendían por los cerros barrios pobrísimos en donde una población en su mayoría analfabeta vivía en condiciones sanitarias miserables.

En realidad es más fácil disfrutar de estas postales si dejamos que la mente se contagie del aire onírico que le dio el colorista de la Tichnor Brothers Inc. y las pensamos no como un registro histórico sino más bien como visiones de la ciudad soñada. De la Bogotá que ha sido imposible tener: peatonal, limpia, sin pobreza; una ciudad de parques, bosques y aire transparente.

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Imágenes por cortesía de Colectivo BTA. La colección completa de 18 postales esta disponible aquí.

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