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Antes de estar llenos de edificios, los cerros orientales de Bogotá estaban llenos de venados. En los días despejados, a cierta hora del atardecer las manadas que rumiaban en el bosque erguían el cuello y se quedaban paralizadas mirando hacia el poniente. Cierto ángulo del sol les hipnotizaba. Un último resplandor les calentaba el hocico y les sacaba chispas de las pupilas antes de que cayera la noche. ”El sol de los venados” llamaban las viejas generaciones a ese instante de la tarde bogotana. El fotógrafo Juan Felipe Rubio lo capturó preciosamente: está en el segundo 40.







1 Comentario
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febrero 9, 2011 a 7:58 pm
Altayre
El sol de los venados es una hora mágica, es, con mucho, mi hora favorita del día. Sucede en algún lugar mágico entre la sabana y el cielo, y el llano se ilumina de un modo especial. Hay que estar muy atentos, ya que ese misterioso instante ocurre entre las 5 y las 6 de la tarde. Todo se torna anaranjado, nacarado y ocre. Muchos cantadores han compuesto sus letras al embrujo de ese momento, y el joropo y el pasaje llevan orlados en sus plumas de garza pedacitos de sol en tono de venado. De muchas puntas.