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Para seguir dándole cuerda a nuestra nueva obsesión, en este post les compartimos lo que hemos llegado a entender sobre la fascinante cultura picotera. Nuestras fuentes han sido principalmente un ensayo de la profesora Deborah Paciniel blog de Fabián Altahona, de donde provienen todas las imágenes que publicamos. Bienvenidas todas las correcciones y precisiones del caso.

En una línea, un picó es un equipo de sonido ambulante. Pero vaya equipo de sonido. Uno no puede ir a un almacén y decir hágame el favor y me vende un picó. No, los picós son una combinación de aparatos de fábrica y pericia artesanal que son ensamblados según las necesidades, caprichos, ambición y presupuesto del empresario picotero en cuestión.

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En general, un picó consta de una colección de amplificadores, bajos, twiteers, consola y caja para guardar los discos, todo lo cual se acomoda dentro de unos gabinetes que a veces pueden alcanzar la altura de un camión. Pero más que sus especificaciones técnicas lo que define a un picó es su capacidad para desencadenar una fiesta feroz en donde normalmente hay un lote baldío, un parque o una cancha de microfútbol. En Barranquilla y en Cartagena los picós se instalan en este tipo de espacios, luego se acordona la periferia de alguna manera (generalmente con latas de zinc, de ahí que a veces a estos lugares se les conozca como casetas) y se cobra una módica suma por el derecho a ingresar. Adentro se vende trago. En el caribe colombiano estas fiestas reciben el nombre de verbenas.

Esta modalidad informal de entretenimiento y de divulgación de música grabada es un fenómeno compartido por muchas de las comunidades con sangre africana que se han establecido por fuera del Africa (la diáspora africana) y reciben el nombre de Sound Systems. Son especialmente célebres lo Sound Systems jamaiquinos y los ingleses. Pero como nos los recuerda este reportaje sobre bici-soundsystems construidos por guyaneses y trinitarios en Queens, NY, prácticamente cualquier comunidad africana por pequeña que sea construirá su versión. Los picós vienen siendo pues los Sound Systems colombianos.

Su peculiaridad, sin embargo, va mucho más allá del nombre (una criollización de la palabra “pick-up”, expresión con la que se designa en inglés el brazo del tocadiscos). En primer lugar, está el tipo de música que amplifican. Si bien el fenómeno de los Sound Systems es compartido por varias comunidades afrodescendientes, los géneros musicales que reproducen varían según el lugar geográfico. Mientras que en Jamaica los Sound Systems están asociados al ska, el dub y el rocksteady; y en el Reino Unido con el rap y al hip-hop, los picós colombianos realmente no están ligados a un género musical específico sino que funcionan más bien como plataformas para el género bailable de moda. En los años 50, cuando un picó era poco más que una tornamesa y un par de parlantes que alguien sacaba al patio, eran cumbia, porro, merecumbé y música cubana lo que amplificaban. En los 60 estos géneros fueron desplazados por la salsa. En los 70 el turno fue para el vallenato y para lo que se llamó localmente “música africana”: ritmos de Kenya, Nigeria, Zimabwe y Haití que llegaron al caribe colombiano a través de inverosímiles redes mercantiles (esta historia, que es completamente fascinante, la cuenta muy bien Pacici y la ilustra estupendamente –visual y sonoramente– Altahona). En los últimos años, la champeta y el reguettón han sido los ritmos imperantes en los toques de picó.

Pero si hay algo que parece hacer verdaderamente singulares a los Sound Systems colombianos es su aspecto. Mientras que en otros lugares del mundo la atención se centra en la potencia sonora, en Colombia esta resulta tan importante como la potencia visual. Según Pacini, los picós colombianos poseen una exuberancia gráfica que ni de cerca tienen sus primos jamaiquinos o ingleses. “Las pinturas evocan siempre un poderío físico o una energía física o de seducción –escribe Pacici–. Los dueños de los picós fetichizan la potencia de sus máquinas, lo que las convierte en símbolos y expresiones de su propia fuerza y virilidad.” Pero las pinturas no sólo reflejan la vanidad y  el inconsciente de su propietario: son una herramienta de marketing. En Barranquilla y en Cartagena el éxito de un picó depende de su pinta tanto como de su potencia o de la capacidad del DJ para “leer” a su audiencia.

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→ Los Armónicos (2000), El Gran Willy (1986), El Godzilla, El Gran Fredy (1987) y El Rojo (1988), tres picós que han gozado de los servicios de William. Es decir, de William Gutiérrez, uno de los gigantes de la gráfica picotera y quizás el único con formación académica (maestro de bellas artes de la Universidad del Atlántico). Según Fabián Altahona, experto en el tema y amigo personal de William, sólo Belimarths (Belisario de la Mata Morales) tuvo un talento comparable.

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Por otra parte, en la medida que incluyen referencias a la historia personal del propietario o a eventos barriales, nacionales o hasta universales, los picós pueden llegar a ser también una especie de crónicas gráficas sobre sucesos, ideas e intercambio culturales que han impactado las comunidades costeñas. En su blog Altahona habla por ejemplo de un mítico picó llamado El Coreano (primera imagen de este post) que imaginativamente ilustraba las aventuras de su propietario, un barranquillero que hizo parte del Batallón Colombia que luchó en la Guerra de Corea.

En la medida en que en los picós –como en muchas otras expresiones de la gráfica popular– el diseño es una negociación entre la personalidad del dueño y la personalidad del pintor, resultan también siendo lienzos en donde artistas de las clases populares han podido desplegar sus inquietudes plásticas. Ahora, esto no significa que los pintores de picós sean necesariamente artistas empíricos. Junto a notables de la gráfica picotera sin formación académica como Belimarsth, Alcur, Gerson y Alexander, estan otros como William González, que es maestro en Bellas Artes de la Universidad del Atlántico.

De unos años para acá se ha empezado a revalorar el aporte musical que ha hecho la cultura picotera. Entre otras, los picós revitalizaron el contacto del Caribe con el Africa, anticipándose de paso (¡por décadas!)  al interés por la llamada World Music. Pues bien, como es evidente en estas imágenes, el aporte que han hecho al diseño gráfico y a la cultura visual no es inferior.